Hacia el abismo: Boris Johnson vs. la constitución británica

Boris Johnson asumió el liderazgo del partido Conservador el 22 de julio. Como líder del partido gobernante actual, ese mismo día también ocupó el cargo de primer ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Ahora le toca resolver la cuestión que ha llevado a la renuncia de dos primeros ministros desde 2016: la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Durante su campaña, Johnson prometía que el Brexit se realizaría el 31 de octubre, con o sin acuerdo por medio; lo que equivalía a desafiar abiertamente al Parlamento, que ha votado tres veces en contra del acuerdo pactado por la antigua primera ministra, Theresa May; y, dos veces en contra de la salida del Reino Unido de la Unión Europea sin acuerdo.

B1pDnrUmaHS._CLa_2140,2000_81Xj0-aIrEL.png_0,0,2140,2000+0.0,0.0,2140.0,2000.0El problema que enfrenta Johnson es el siguiente: de acuerdo con el Tratado de Lisboa, la salida de un país miembro de la Unión Europea debería ser precedido por un acuerdo entre el gobierno europea y el gobierno del país saliente en el que se establece “el marco de [las] relaciones futuras” de este país “con la Unión.” Theresa May pactó y firmó un acuerdo en este sentido; pero nunca logró que el Parlamento le diera su aval, como requiere la ley británica que rige este proceso: The European Withdrawl Act de 2018.

Por otra parte, el Tratado señala que la salida de un país miembro se cumple dos años después de que su gobierno mande una notificación a salir. El gobierno de Theresa May mandó esta notificación el 30 de marzo de 2017; por lo que la salida del Reino Unido se programaba para el 31 de marzo de 2019. Para evitar una salida automática y sin acuerdo, el gobierno de May solicitó dos prórrogas a esta fecha durante la primavera. Ahora la fecha de la salida automática es el 31 de octubre de 2019; es decir, la fecha en la que Johnson promete efectuar Brexit.

Johnson encabeza un gobierno muy débil. El partido Conservador no tiene mayoría en el Parlamento. Theresa May logró formar un gobierno después de las elecciones generales de 2019 gracias a una alianza con diez diputados del Partido de la Unión Democrática (o DUP por sus siglas en inglés), un partido protestante de extrema-derecha de Irlanda del Norte. Desde entonces, los conservadores han sufrido varias bajas entre sus diputados; lo que significa que la mayoría de Johnson (incluidos los diez diputados del DUP) es apenas de uno sólo.

Así las cosas, el gobierno de Johnson tiene pocas opciones para cumplir con Brexit. Podría intentar convencer al parlamento votar a favor del acuerdo de May una vez más; podría intentar a renegociar con la UE; o bien, podría hacer nada. Es decir, lograr un Brexit sin acuerdo por acción automática del Tratado de Lisboa. Las acciones de Johnson durante los escasos quince días de ser primer ministro sugieren que prefiere la tercera opción.

La estrategia no hacer nada llevará a Johnson a la confrontación directa con el parlamento, donde la mayoría de los diputados no favorecen una salida de sin acuerdo. En preparación, los partidos de oposición y los conservadores moderados anti-Brexit-sin-acuerdo están conspirado para derrocar al gobierno de Johnson. Entre las propuestas que circulan, la más favorecida es lanzar un voto de censura en su contra cuando los diputados regresen de sus vacaciones a principios de septiembre.

La normatividad que gobierna los votos de confianza es el Fixed Term Parliament Act de 2011. Esta ley establece que cada parlamento debe tener una duración fija de cinco años; pero admite dos circunstancias en las que el periodo parlamentario puede truncarse prematuramente: 1) que la Cámara de Comunes vote por una mayoría de tres terceras partes a favor de una elección general; y, 2) que el gobierno en turno pierda una moción de censura en la cámara baja. En caso de perder una moción de censura, antes de la convocatoria a elecciones deben transcurrir catorce días durante los cuales los partidos podrán reestablecer el gobierno derrotado mediante la reconfiguración de su mayoría, o bien otro(s) partido(s) formaría un gobierno alterno con mayoría. La formación de este gobierno debe de ser refrendado mediante un voto en los Comunes

Con apego a esta ley, los diputados opositores esperan abrir una ventana de oportunidad para impedir que la estrategia de no-hacer-nada no pueda funcionar. Algunos favorecen establecer una alianza entre partidos para formar un gobierno “de unidad nacional” para reemplazar Johnson. Este gobierno tramitaría otra prórroga con la Unión Europea para postergar la fecha de salida, o bien revocaría la notificación. Acto seguido convocaría a elecciones generales, o alternativamente, a otro referéndum.

El primer problema con esta estrategia es que los convocantes no están de acuerdo sobre todos estos variables. Además, no cuentan con el apoyo del líder del segundo partido más grande en el parlamento, los laboristas. Jeremy Corbyn favorece Brexit, por lo que no se quiere comprometer con una acción que pudiera revocarlo. Los integrantes de su gabinete de oposición no apoyan un gobierno de alianza nacional, sino prefieren promover el voto de censura para precipitar elecciones generales directamente.

El segundo problema es que la ley de 2011 no estipula explícitamente que un primer ministro que pierda un voto de censura debe renunciar. De acuerdo con las declaraciones del consejero principal a Johnson, Dominic Cummings, el primer ministro piensa aprovechar de esta situación en caso de perder un voto de censura. Es decir, Johnson planea simplemente no renunciar a su cargo, obstaculizando así la formación de otro gobierno.

De hecho, de acuerdo con la información filtrada a la prensa en las últimas semanas, la estrategia de Boris Johnson para enfrentar a la oposición parlamentaria a un Brexit-sin-acuerdo, es ignorarla. Además de sugerir que Johnson podría no hacer caso a un voto de censura, Cummings y otros conservadores cercanos al primer ministro han insinuado que podría suspender la sesión actual del parlamento hasta después del 31 de octubre. De esta manera, los diputados no pudieran organizar un voto de no confianza.

Cualquier intento de marginar al parlamento en el proceso de lograr Brexit representaría un importante desafío a las convenciones y prácticas del constitucionalismo en el Reino Unido. En primer lugar, porque el sistema político se organiza alrededor del principio de la soberanía parlamentaria: el ejecutivo no tiene facultades legislativas independientes del parlamento. Segundo, porque el primer ministro no es el jefe del poder ejecutivo, sino el jefe de gobierno. El poder ejecutivo reside en la figura de la monarca, la reina Isabel II. Por esta razón, algunos políticos afirman que lo que propone Johnson sería ilegal.

En Edimburgo, varios diputados opositores a Brexit acaban de presentar una queja frente a los tribunales en contra de cualquier intento por parte de Johnson para suspender las sesiones del parlamento extemporáneamente. Esperan que la sentencia de la Court of Session, declarara inconstitucional este acto. Otros diputados, como el ex Fiscal General, Dominic Grieve, alegan que la reina tendría la facultad de despedir a Johnson en caso de que perdiera un voto de censura. También señalan que el monarca tiene el derecho de negar su apoyo para la suspensión del parlamento.

Como el Reino Unido no tiene una constitución escrita, sino consuetudinaria, el desenlace de la confrontación entre Johnson y el parlamento puede tener consecuencias muy significativas para el sistema político. La intervención de la reina en la elección de un primer ministro implicaría deshacer una convención constitucional vigente desde 1834, por ejemplo. Cambiaría los parámetros aceptables del actuar real dentro del sistema político. Igualmente, si la reina mantiene la convención de no interferir en los asuntos de gobierno, y simplemente da su consentimiento a lo que propone el primer ministro, propiciará un fortalecimiento del poder ejecutivo no contemplado en el Reino Unido desde antes de 1688.

Finalmente, la justificación de Johnson es argumentar que el resultado del referéndum de 2016 le faculta para actuar. No es necesario que se respalde en el parlamento, porque la soberanía popular representada en la consulta le autoriza para cumplir su mandato. Theresa May argumentaba lo mismo en varias ocasiones. En otras palabras, Brexit también significaría minar la soberanía parlamentaria, a favor de establecer la soberanía popular como fundación de los actos de gobierno.

Por éstas, y muchas otras razones, Brexit lleva al Reino Unido hacia el abismo. Pone a temblar la estructura misma de su constitución y la legitimidad de sus instituciones. Los británicos siempre se complacen con la flexibilidad de su constitución, y critican la rigidez de las cartas escritas. Con Brexit, vemos que la flexibilidad también tiene sus peligros.

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De la Cartilla Moral a la reforma educativa

Aunque el presidente López Obrador le otorga un lugar central a la ética pública, su gobierno no ha logrado articular políticas educativas en esa materia. Este texto hace un repaso histórico de los programas cívicos, para señalar el lugar que la ética pública ha tenido y debería tener en las escuelas.

Consulten este texto que escribí en conjunto con Ana Razo del PIPE-CIDE en Letras Libres aquí

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Representar la voluntad del pueblo: El Congreso General vs. Anastasio Bustamante, 1832

El 11 de diciembre de 1832, los generales Anastasio Bustmante y Antonio López de Santa Anna firmaron un armisticio en Puebla que puso fin a la guerra civil de 1832. En este documento, ambas partes acordaron dejar sus armas en tanto que el Congreso General aprobara el tratado de paz propuesto por un aliado de López de Santa Anna, Manuel Gómez Pedraza. No obstante, el Congreso se negó aceptar la facultad de los generales para negociar la paz, por lo que rechazó tanto el armisticio como el plan de paz. En respuesta, los generales volvieron a la mesa para negociar un nuevo convenio de paz, que firmaron el 21 de diciembre en la Hacienda de Zavaleta, cerca de la ciudad de Puebla. Este tratado no hizo mención alguna del Congreso ni de la necesidad de que el poder legislativo lo ratificara. Frente a esta situación, el Congreso General resolvió cerrar sus puertas, declarando así el fin abrupto de su periodo legislativo con un manifiesto que acusó a Bustamante y Santa Anna querer usurpar sus funciones….

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La historia como arma: Reflexiones en torno a Brexit

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Marcha en contra de Brexit, 2019. Autor: Thomas Davies, Wikimedia Commons, CC1.0 License, dominio público.

Desde afuera del Reino Unido es difícil entender el asunto Brexit. En los tiempos del referéndum en 2016, casi todos los observadores convinieron que salir de la Unión Europa tendría consecuencias funestas para el país. En el tema de la economía, sobre todo, parecía una locura salir voluntariamente de la unión de aranceles y del bloque comercial de la Unión Europea (UE).

El Reino Unido lleva 48 años como miembro de la comunidad económica europea: exporta la vasta mayoría de sus productos a la UE y recibe la mayor parte de sus importaciones desde allí. Las industrias automotriz y bancaria dependen de sus vínculos con la UE para su buen funcionamiento. Ahora que parece que el Reino Unido saldrá de la UE, ha comenzado la fuga de industrias: se han cerrado varias plantas automotrices y un número significado de bancos han transferido su sede operativa a Dublín y Frankfurt….

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¡Ciudadanos y ciudadanas! Una historia del lenguaje incluyente

 

DDFC

La historia de las mujeres es una parte fundamental de la lucha feminista. En parte, esto se debe al deseo de reivindicar la participación de la mujer en los acontecimientos del pasado: las primeras defensoras de las mujeres, como Cristina de Pizán (1364-1430), Louise Labé (1525-1566) y Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), resaltan entre las “grandes mujeres de la historia” para señalar su hazañas y contribuciones al avance de sus sociedades. El objetivo era contrarrestar la narrativa hegemónica de sus épocas que insistía en que sólo los hombres merecían ser recordados… 

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Porqué el feminismo no es un espacio seguro (“safe space”)

(Un texto/hilo inspirado por @CIDE_fem y @diversidad_CIDE.)

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Muchas de nosotras estamos atraídas al feminismo como un espacio en donde se puede criticar la opresión y discriminación que enfrentan las mujeres sin que nos miren como “locas”, “exaltadas” y “exageradas”. Es una experiencia grata estar con otras mujeres que están igual de enojadas con el patriarcado que nosotras. Por eso, para muchas nuestra primera experiencia del feminismo es precisamente eso: el encontrar un “espacio seguro”.

Pronto, sin embargo, descubrimos que las feministas no siempre se llevan entre sí, y que los espacios feministas pueden ser igual de conflictivos que los demás espacios. Descubrimos que nuestra idea idealista de la sonoridad y/o hermandad feminista es precisamente eso: un sueño.

El descubrimiento causa dolor. También lleva a la búsqueda de encontrar espacios seguros y fuera del conflicto dentro del feminismo mismo. Así es más fácil seguir con nuestro sueño de que las mujeres “todas juntas” podrán derrotar al patriarcado.

Pero, el feminismo no es un movimiento homogéneo sino muy heterogéneo; de hecho, hace más sentido hablar de *los feminismos* que del feminismo. Los diversos feminismos tienen análisis distintos de la situación de la mujer y de la mujer misma. Y las mujeres que siguen un análisis en particular prefieren juntarse y hacer activismo con los que comparten su análisis sobre la condición de la mujer.

El resultado lógico -entonces- es que los diferentes grupos feministas se encuentran en lados distintos de varios argumentos políticos, como por ejemplo, la prostitución, el transgenerismo y la subrogación de la maternidad.

Aquí suceden dos cosas: una es que los comentaristas no feministas se confunden porque de acuerdo a la lógica patriarcal las mujeres deben pensar y actuar en la misma manera. “Ni siquiera se pueden poder de acuerdo entre ellas.” -Dicen. “El feminismo es incoherente” -Se ríen. La segunda es que entre las feministas el conflicto vuelve más importante que el asunto que provoca el desacuerdo. Queremos estar “al lado correcto” del debate. No nos gusta pensar que las críticas que nos hacen pueden ser válidas.

Preferimos cuestionar los motivos de las que nos critica. Preferimos pensar que la otra “no entiende” los argumentos, o peor que “no quiere entender”. Muchas veces hasta optamos por categorizar la crítica a una posición teórica como un ataque personal, o un ejemplo de “odio.” En este ambiente, el diálogo crítico vuelve muy complicado. Es más fácil quedarnos en nuestra burbuja y evitar la interacción con las demás feministas. Pero, es un error.

Si en verdad queremos buscar soluciones a los problemas más complejos que enfrentamos las mujeres, hay que aceptar la divergencia de opiniones acerca de cómo hacerlo. Hay que evitar las descalificaciones y las acusaciones de mala fe para buscar el dialogo.También hay que reconocer que habrá cosas en torno a las que nunca vamos a estar de acuerdo. En fin, el feminismo es un movimiento político heterogéneo y diverso. Como tal, nunca puede ser un espacio seguro.

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Un texto muy útil para reflexionar sobre las confrontaciones políticas entre las feministas de diferentes índoles es el siguiente:

Fellows, Mary Louise, y Sherene Razack. “The Race to Innocence: Confronting Hierarchical Relations Among Women”. Gender, Race and Justice, núm. 335 (1998). http://scholarship.law.umn.edu/faculty_articles/274.

 

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Historia del género en el pensamiento político feminista

El jueves pasado participé en el evento “Feminismos diversos”, organizado por las y los estudiantes de los colectivos CIDE-Diversidades y CIDE-Fem. Abajo está la transmisión en vivo que hicieron de mi intervención por Twitter.

https://t.co/8ZpFay8jE2— CIDE+ (@diversidad_cide) 17 de mayo de 2019 https://platform.twitter.com/widgets.js

Incluyo asimismo aquí la presentación de diapositivas que proyecté durante la charla.

El género en el pensamiento feminista PARA PROYECTAR

 

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