En contra de las elecciones (indirectas)

En el marco de las próximas elecciones, he resuelto seguir el ejemplo de Alfredo Ávila, quien compartió hoy en su blog las quejas del diputado Joaquín Villa ante el Congreso del Estado de México en octubre de 1826. Villa se quejaba de las desórdenes ocurridas durante las elecciones legislativas de aquel año.

Por mi parte, les comparto el análisis de Lucas Alamán de las elecciones legislativas de la república federal. Es lugar común de la historiografía argumentar que Alamán era un enemigo decidido de las elecciones y la democracia. No obstante, los escritos del guanajuatense de 1830 demuestran que Alamán simplemente se oponía a la forma indirecta en la que se realizaban las elecciones. En cambio, favorecía un sistema de elecciones directas con voto censatario. Al igual que casi todo liberal del siglo XIX, creía que el hombre propietario profesional era el más calificado para nombrar los representantes que mejor convenían al país.

“Memoria de la Secretaria de Estado y del Despacho de Relaciones Interiores y Exteriores, leída por el secretario del ramo en la cámara de diputados el día 12 de febrero de 1830″


He asignado como segunda causa de los males que agobian a la República, el sistema de elecciones, si merece el nombre de sistema el desorden con que ahora se practican. Aunque este sea bien conocido, no será fuera del caso bosquejarlo en pocas palabras: trátase desde luego de esparcir en gran número listas impresas, dispuestas las más ellas en las sociedades secretas, según el interés de estas: se presentan en los lugares destinados para recibirlas, y cuyas plazas de Secretarios y Escrutadores ha sido previamente tomadas, a veces por asalto, por los afiliados a las facciones que se disputan la elección; no se hace, ni es posible hacer, escrutinio alguno para calificar si goza del derecho de sufragio el presentante de las listas; estas se reciben sin dificultad a todo el que quiera presentarlas, y el mismo hombre, acaso suspenso de los derechos de ciudadano, gozando repetidas veces del de sufragio, circula por todas las casillas de todas las parroquias repartiendo listas, cuya fatiga se le premia después en la taberna. Salen de esta manera un número asombroso de votos, cuando el público ve con escándalo cuan corto es el de los votantes, y resultan elegidos, no los que han obtenido más sufragios, sino aquellos, en cuyo favor, el artificio y a veces la violencia, ha hecho repartir más listas. Escusado es decir, que todos los hombres de juicio se alejan de esta escena de escándalo y que la elección queda entre las manos menos cualificadas para hacerla con acierto. Los pasos sucesivos corresponden a este principio, y habiendo llegado la aberración del espíritu del partido hasta el punto de calificar por aristocracia la propiedad y la ilustración, frecuentemente estas dos cualidades únicas bases de un sistema verdaderamente liberal, son excluidas de la elección, y esta recae muchas veces en hombres que no dependen de las sociedad por ningún lazo, y que no poseyendo nada, por esto mismo propenden a aspirar a todo, sin pararse en los medios para conseguir este fin, y sin detenerse por consideraciones ni arredrarse por consecuencias.

[…]

Los pueblos rara vez indagan el origen del poder mientras el ejercicio de este es moderado; pero apenas se sienten oprimidos, intentan liberarse de la opresión derrocando por sus fundamentos la autoridad que les ha venido a ser odiosa, y esto es exactamente lo que ha sucedido en varios estados. No se atribuyan a otro origen los movimientos que en algunos de ellos han tenido lugar, ni se busque otro remedio que el arreglo de las elecciones bajo un pie tal, que se califique exactamente el derecho del sufragante, y las calidades del candidato. Mientras esto no se haga, puede decirse, con la seguridad de no equivocarse, que no debemos prometernos nunca ni paz ni prosperidad en nuestra República.

(Fuente: Lucas Alamán, “Memoria de la Secretaria de Estado y del Despacho de Relaciones Interiores y Exteriores, leída por el secretario del ramo en la cámara de diputados el día 12 de febrero de 1830 y en la de senadores, el día 13 del mismo ”, en Lucas Alamán, Documentos diversos (inéditos y muy raros), México, Editorial Jus, 1946, vol. 1, pp. 184-185.)

Editorial del periódico Registro Oficial, escrito por Alamán en 1830

El método de votaciones por listas no es la expresión libre del sufragantes, y está sujeto a los abusos de que somos testigos; debe prohibirse sustituyéndose la votación verbal y nominal: pero esto debe ser previa la calificación de los sufragantes como ciudadanos en el ejercicio de sus derechos. — Esta calificación, se haría por la autoridad competente en cada parroquia, o en cada casilla o punto en el que se debe celebrar una junta primaria con el párroco y dos o tres asociados que nombre el ayuntamiento respectivo entre los vecinos de mejor nota y que tenga cierta capital; entendiéndose por tal cualesquiera oficio o industria que reditúe señalada suma. —Ninguno que no esté calificado o inscripto lo menos quince días anteriores de la elección puede usar en ella del derecho de sufragio. —Para organizarse la junta eligiéndose presidente, escrutadores y secretarios, se debe fijar por la ley el minimum de los concurrentes, y el método de la votación. —La hora en que ha de abrirse esta y la en que deberá cerrarse , todo estará reglamentado. — Las votaciones durarán tres o más días después de organizada la junta y de este modo podrán hacerse verbales y escribirse en el registro respectivo. —Deben establecerse penas para el que sufrague dos o más veces en la misma junta, y para los que lo hagan en junta o casilla diversa de la suya. —Solo por estos medios pueden evitarse esos abusos y escándalos de que somos testigos, y hacer que el ciudadano pacífico y honrado no abandone el campo de las elecciones a los que se toman por asalto con infracción de todas las leyes.
Pero de nada servirá todo esto, si la ley no exige propiedad en los elegidos, y si los destinos de nombramiento popular continúan siendo objetos de especulación para los que no tienen de que vivir. —Las consecuencias de este vacío que dejaron nuestras leyes, las estamos palpando: dos grandes errores se han cometido contra todos los consejos de los publicistas. —Primero: dotar excesivamente a los diputados, y no exigir en los elegibles cierta propiedad, resultante de una industria creada anteriormente. Así es que todo el que no tiene medios conocidos y honestos para subsistir, todo el que no tiene capital, todo el que no ha podido abrirse una carrera, los que se han cansado de presentar memoriales en solicitud de empleos, los parásitos que ignoran como se hace producir la tierra, como se arruina al labrador, o como se fomenta, lo que el comercio necesita para prosperar y las fábricas para perfeccionarse, como se fundan la moral y las costumbres públicas, en qué consisten el poder y la riqueza de una nación, lo que es la propiedad y como debe protegerse, los que abandonaron la carrera literaria por parecerles larga, penosa y difícil, estos hombres, que no han practicado nada, ni conocen más principios que los de su propio y personal interés, hallan en la facilidad de nuestras elecciones un campo abierto a todos sus deseos, las invaden y no exigiéndose sino cierta edad para ser diputados, un paso rápido les conduce a la alta dignidad de representantes y a decidir sobre los destinos del labrador, del comerciante y del hombre industrioso, cuyas necesidades les son tan desconocidas como las de la nación.

[…]

No se crea que entendemos por propietario al rico comerciante, al hacendado y al minero: la industria es una propiedad, lo es el trabajo personal: muchos hombres poseen un capital con su ingenio y con la profesión de alguna ciencia: el abogado y el médico son propietarios y sus ingresos se calculan por su crédito en las respectivas profesiones: sucede lo mismo al artesan0.— Cuando queremos animar el trabajo y aumentar la riqueza ¿pondríamos en la dirección de los negocios públicos a los hombres que nada poseen? —Esta es una causa sentenciada en el tribunal de todos los publicistas, y es inútil extenderse sobre ella: la experiencia propia nos llama a perfeccionar nuestras instituciones, y es necesario ser dóciles a su voz, ya que somos tan resistentes a la teoría.

(Fuente: Registro Oficial del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, lunes 15 de febrero de 1830, p. 102.)

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