¡Qué vivan todas! El #8M y el poder de la memoria histórica

Hoy me gustaría explicar porqué es importante conmemorar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Quiero aprovechar este espacio para hacerlo porque no dudo que entre ustedes hay quienes piensan que este paro y todo lo relativo con este día ya no tienen razón de ser. Las mujeres ya gozan de derechos: pueden estudiar, trabajar, votar y vivir independientemente. ¿Por qué siguen insistiendo en protestar? Seguro hay cosas más importantes de que indignarse que la situación de la mujer….

Foto-Parar-sin-PararPara explicar la importancia de este día, voy a contarles una analogía que adopta la historiadora norteamericana Gerda Lerner en su libro: La creación del patriarcado (1986). Con un guiño a William Shakespeare, Lerner dice que el mundo en que vivimos es una gran obra de teatro. En casi toda la historia de esta obra, los hombres se han encargado de dirigir todos los aspectos de ella. No sólo escriben el guion y controlan el reparto de papeles, sino diseñan el vestuario, escenifican y dirigen la actuación. En consecuencia, la historia que cuenta esta obra es una historia de hombres: son ellos que ocupan los papeles heroicos y destacados, sus vidas siempre están al centro del tramo narrativo. Las mujeres, en cambio, son las actrices de reparto. No tienen nombres propios (son “esposas o hijas o hermanas de”), y sus actividades pasan siempre en el segundo plano.

Últimamente la obra de teatro está en plena revolución. Las mujeres han insistido en ocupar papeles protagónicos, y agitan a favor de también incidir en la redacción del guion, el escenario y la dirección. Desde las gradas del teatro, esta revolución aparece desconcertante. ¿De dónde vinieron todas estas mujeres? ¿Por qué ahora se inconforman y antes no? ¿Qué ha cambiado?

Ante este desconcierto, las mujeres suelen encontrar un público hostil a sus demandas. Sus acciones no concuerdan con la lógica de la obra que se viene presentando desde hace siglos. La exigencia a tomar papeles protagónicos, o peor aún, encargarse de la dirección de la obra, se interpreta como una usurpación. No están actuando como mujeres de la obra deben actuar: hablan demasiado, gritan. Incluso cuando el público reconoce que debe haber un reparto más igualitario de papeles, prefiere que esto se logre sin que las mujeres interrumpan demasiado la obra. The show must go on, en fin.

Frente a este público -dice Lerner- las mujeres deben mostrar que la obra de teatro histórica es incompleta. El reto es convencerles de que las mujeres nunca se conformaron con ser las actrices de reparto. Qué hay una narrativa de actos heroicos, invenciones y participaciones de mujeres en la obra que la dirección masculina ha minimizado e ignorado, prefiriendo atribuir los éxitos femeninos a otros hombres.

El reto asimismo es demostrar que los reclamos hoy llamados feministas son mucho más antiguos de lo que los guionistas quieren recordar. Lerner identifica la época medieval como el momento del nacimiento de la conciencia feminista: con el trabajo científico y teológico de la monja alemana, Hildegard de Bingen (1098-1179); y con la obra literaria de la italiana Cristina de Pizán (1365-1439), autora del primer tratado protofeminista La ciudad de las damas. En la Nueva España, brilla el ejemplo de Sor Juana Inés de la Cruz: en cuyo trabajo tenemos la primera crítica al mansplaining, cuando queja en la Respuesta a Sor Filotea de “los hombres, que con sólo serlo piensan que son sabios”.

Entonces, la razón por la que es importante para las mujeres conmemorar el 8 de marzo es -sobre todo- política. Recordar, conmemorar y celebrar el 8 de marzo es un acto político para las mujeres. En particular, el 8 de marzo es el día para recordar a las mujeres de San Petersburgo, quienes en esta fecha en 1917 encabezaron una manifestación que dio inicio a la Revolución Rusa. Es para recordar a mujeres rusas como Alejandra Kollontai, gracias a cuyos esfuerzos, se introdujo el aborto voluntario a demanda en la Rusia revolucionaria.

Es para recordar también a las mujeres que se inconformaron con el estatus de la mujer en México. A las mujeres de Zacatecas que mandaron una petición a la legislatura del estado en 1824 para exigir usar el prefijo “ciudadana” ante de su nombre y apellido. A las médicas Columba Rivas y María Sandoval de Zarco, y la normalista, Dolores Correa Zapata, pioneras en sus profesiones y fundadoras de la primera revista feminista La Mujer Mexicana en 1904. A Elvia Carillo Puerto, Hermila Galindo, María del Refugio García y todas las demás luchadoras para los derechos de la mujer después de la Revolución.

En fin, hoy conmemoramos las mujeres que nos antecedieron en la lucha. El reto del siglo XXI es desmantelar por completo la obra de teatro en la que los hombres controlan el guion y el reparto de papeles. Son muchas las mujeres históricas que nos respaldan en esta lucha. ¡Qué vivan todas!

Texto de mi discurso en conmemoración al Día Internacional de la Mujer, CIDE, 7 de marzo de 2019.

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