Porqué el feminismo no es un espacio seguro (“safe space”)

(Un texto/hilo inspirado por @CIDE_fem y @diversidad_CIDE.)

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Muchas de nosotras estamos atraídas al feminismo como un espacio en donde se puede criticar la opresión y discriminación que enfrentan las mujeres sin que nos miren como “locas”, “exaltadas” y “exageradas”. Es una experiencia grata estar con otras mujeres que están igual de enojadas con el patriarcado que nosotras. Por eso, para muchas nuestra primera experiencia del feminismo es precisamente eso: el encontrar un “espacio seguro”.

Pronto, sin embargo, descubrimos que las feministas no siempre se llevan entre sí, y que los espacios feministas pueden ser igual de conflictivos que los demás espacios. Descubrimos que nuestra idea idealista de la sonoridad y/o hermandad feminista es precisamente eso: un sueño.

El descubrimiento causa dolor. También lleva a la búsqueda de encontrar espacios seguros y fuera del conflicto dentro del feminismo mismo. Así es más fácil seguir con nuestro sueño de que las mujeres “todas juntas” podrán derrotar al patriarcado.

Pero, el feminismo no es un movimiento homogéneo sino muy heterogéneo; de hecho, hace más sentido hablar de *los feminismos* que del feminismo. Los diversos feminismos tienen análisis distintos de la situación de la mujer y de la mujer misma. Y las mujeres que siguen un análisis en particular prefieren juntarse y hacer activismo con los que comparten su análisis sobre la condición de la mujer.

El resultado lógico -entonces- es que los diferentes grupos feministas se encuentran en lados distintos de varios argumentos políticos, como por ejemplo, la prostitución, el transgenerismo y la subrogación de la maternidad.

Aquí suceden dos cosas: una es que los comentaristas no feministas se confunden porque de acuerdo a la lógica patriarcal las mujeres deben pensar y actuar en la misma manera. “Ni siquiera se pueden poder de acuerdo entre ellas.” -Dicen. “El feminismo es incoherente” -Se ríen. La segunda es que entre las feministas el conflicto vuelve más importante que el asunto que provoca el desacuerdo. Queremos estar “al lado correcto” del debate. No nos gusta pensar que las críticas que nos hacen pueden ser válidas.

Preferimos cuestionar los motivos de las que nos critica. Preferimos pensar que la otra “no entiende” los argumentos, o peor que “no quiere entender”. Muchas veces hasta optamos por categorizar la crítica a una posición teórica como un ataque personal, o un ejemplo de “odio.” En este ambiente, el diálogo crítico vuelve muy complicado. Es más fácil quedarnos en nuestra burbuja y evitar la interacción con las demás feministas. Pero, es un error.

Si en verdad queremos buscar soluciones a los problemas más complejos que enfrentamos las mujeres, hay que aceptar la divergencia de opiniones acerca de cómo hacerlo. Hay que evitar las descalificaciones y las acusaciones de mala fe para buscar el dialogo.También hay que reconocer que habrá cosas en torno a las que nunca vamos a estar de acuerdo. En fin, el feminismo es un movimiento político heterogéneo y diverso. Como tal, nunca puede ser un espacio seguro.

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Un texto muy útil para reflexionar sobre las confrontaciones políticas entre las feministas de diferentes índoles es el siguiente:

Fellows, Mary Louise, y Sherene Razack. “The Race to Innocence: Confronting Hierarchical Relations Among Women”. Gender, Race and Justice, núm. 335 (1998). http://scholarship.law.umn.edu/faculty_articles/274.

 

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